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Entrevista a Oihan Iturbide

Oihan Iturbide es Socio Fundador de la editorial Next Door Publishers. Director de la colección Lienzos y Matraces, su introducción en el mundo editorial y científico era inevitable: biólogo de formación, máster en Comunicación Científica, creció entre editores y siempre le han obsesionado la buena narrativa y su estética. Next Door es su segundo proyecto editorial, y ha querido dedicarnos unos minutos para hablarnos en esta interesante entrevista acerca de cómo se gesta una editorial centrada en la divulgación científica, por qué es importante contar la ciencia o si la neurociencia es un campo de creciente interés.
  • ¿Cómo se gesta una editorial de divulgación científica como Next Door Publishers?
Pues te diría que con una buena dosis de ganas de cambiar el mundo. Yo terminé la carrera de Biología absolutamente convencido de que debíamos promocionar el conocimiento científico si queríamos que las cosas mejoraran. Creo que cualquier decisión pasa por estar perfectamente informado. Las cuestiones medioambientales o de salud, por ejemplo, que proponen los partidos políticos en sus programas están atravesadas por fundamentos científicos. Si no los conocemos ¿cómo sabremos qué votamos? Si unes esta motivación al hecho de que soy un apasionado de los libros y del proceso de edición, el resultado solo podía ser una editorial de divulgación científica.
  • ¿Cuáles fueron las motivaciones que te llevaron a estudiar la carrera de Biología?

Quería saber más. Soy una de esas personas que no tienen nunca suficiente, siempre quiero más. Cuando me rehabilité de las drogas no pude quedarme solo con lo que había aprendido en el proceso, quise conocer qué había ocurrido en mi cerebro. ¿Cómo era posible que mi voluntad no fuera suficiente para dejar el consumo? Tenía que pasar algo a nivel bioquímico para que yo me hubiera convertido en un esclavo de mí mismo. Así que me fui a Pamplona y me matriculé en la universidad. Lo que nunca imaginé es que el conocimiento científico fuera a fascinarme de esta manera. Se abría un mundo frente a mí, un universo lleno de matices, de interpretaciones, de paradigmas, de hipótesis increíblemente creativas y de teorías que eran aceptadas para, con el tiempo, ser refutadas. De pronto, la vida podía explicarse desde perspectivas tan distintas, complejas y bellas que me quedé cautivado.

  • ¿Por qué es importante contar la ciencia?

Como he comentado al principio, creo que es imprescindible que la sociedad tenga algo de cultura científica. De la misma manera que todos sabemos quién es Picasso o Cervantes, deberíamos conocer a Santiago Ramón y Cajal, Severo Ochoa, Margarita Salas o María Blasco, por citar solo a algunos. Personas que han revolucionado el saber y que algunos de sus descubrimientos son a día de hoy la base de la nueva producción científica. Nuestros hábitos de consumo, intereses, enfermedades, en definitiva, nuestra situación social y económica puede entenderse a partir de la ciencia. ¡Podemos entendernos y conocernos mejor a partir de ella! Y resulta que a los responsables de elaborar nuestro sistema educativo no les interesa integrarla como un bien cultural. Es algo que no entiendo y que me niego a aceptar. Contar la ciencia es importante porque implica contarnos a nosotros mismos, nuestra historia, nuestro presente y nuestro futuro. Es una herramienta para convivir de forma respetuosa con el resto de seres vivos, y es un medio para cuidarnos y disfrutar de nosotros mismos.

  • Entre la diversidad de vuestra colección, sobresalen dos títulos dedicados a la rama de las neurociencias. ¿Lo consideras un campo de creciente interés?

Conocer el sistema nervioso fue lo que me llevó a mí a estudiar Biología. Junto a la revolución que están suponiendo los descubrimientos en el campo de la ingeniería genética y las técnicas de inmunoterapia, nos encontramos con las neurociencias. Un campo cultivable del que todavía conocemos poco pero cuya tierra sabemos que es muy rica en nutrientes. Creo que nos va a dar sorpresas maravillosas y que a medida que se desarrollen nuevas técnicas de análisis y diagnóstico, iremos descubriendo que somos todavía más complejos de lo que imaginábamos. La ciencia trata de explicar la realidad tomando de ella pequeños “trocitos” observables y susceptibles de ser analizados, tengo confianza en que el estudio del cerebro nos permita conocer nuestro sistema de forma global, que nos permita integrar en un todo lo que ya conocemos sobre todas las partes que nos constituyen.

  • ¿Crees que es necesario estimular vocaciones científicas?

Creo que es necesario promover vocaciones, todo tipo de vocaciones. Es decir, es indispensable estimular a los niños a partir de sus propios intereses o de sus capacidades. Si lográramos que se desarrollaran de esa manera, tendríamos personas implicadas en sus tareas, adultos creativos que creen que su actividad es importante de cara a generar bien común. Si lográramos educar en el trabajo en equipo, se formarían sistemas estimulantes además de productivos, contaríamos con científicos comprometidos que no se ven abocados a publicar olvidando por qué un día eligieron dedicar todo su tiempo a la ciencia. Las vocaciones científicas son necesarias y cada vez hay más jóvenes que se interesan por ese camino pero, ¿de qué sirve si después la única motivación es la publicación? Creo que es importante reflexionar y movilizarse en otra dirección. Los científicos tienen mucho que aportar, se les debe dar tiempo y espacio para que puedan elaborar, comprobar, concluir y comunicar desde la ilusión que les llevó un día a dedicarse a la ciencia. Sé que suena naïf pero ¿por qué renunciar a la posibilidad de cambiar la realidad?

  • Un consejo a los jóvenes que nos estén leyendo.

Pues les diría que se mantuvieran abiertos, que observen, digieran e integren todos y cada uno de los estímulos que reciben a lo largo del día. Y que después, se pregunten sobre esos mismos estímulos y sobre las sensaciones, reflexiones y juicios que les provocan. Un paisaje, un videojuego, una experiencia sexual, un baile desenfrenado en la discoteca, una lectura de ficción, una conversación con un amigo, un insecto… Que busquen la curiosidad con la que nacieron y la ejerciten. La ciencia está en cada una de las cosas que hacemos y en cada uno de los matices que nos convierten en personas. Les diría que simplemente la descubran.

 

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